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Factura política: La Provincia armó un festival paralelo, pero la Calle Angosta arrasó

 La superposición de festivales expuso tensiones entre Provincia y Municipio. Aun así, la Fiesta Nacional de la Calle Angosta convocó a más de 25 mil personas por noche y reafirmó su centralidad cultural en San Luis.


Cultura con peaje y festival con subsidio

En San Luis la cultura siempre fue una postal amable… hasta que alguien decidió usarla como campo de batalla. Esta última semana de enero, mientras Villa Mercedes levantaba su rito mayor —la Fiesta Nacional de la Calle Angosta—, el Gobierno provincial armó a pocos kilómetros un festival espejo en Juan Jorba, con artistas nacionales, transmisión oficial, logística aceitada y colectivos gratis desde la ciudad de las 100 guitarras. No fue “otra propuesta”: fue un operativo.

Y cuando la cultura se vuelve operativo, aparece lo que nunca falla: la factura.

En Villa Mercedes, para que la Calle Angosta tuviera cobertura de seguridad, le cobraron $40 millones al municipio para garantizar presencia policial. Cuarenta millones. No es un detalle administrativo: es el dato político del fin de semana. Porque si la fiesta histórica —la que convoca multitudes, la que sostiene identidad, la que no necesita inventarse— paga como si fuera un privado, entonces la pregunta cae sola, pesada como una piedra:


¿Y en Juan Jorba quién pagó la seguridad?

Si fue la misma Policía provincial, con despliegue, adicionales, móviles y operativos, ¿se le pasó también la cuenta al organizador? ¿O ahí la seguridad “vino incluida” en el paquete provincial, como los artistas y el streaming?



Foto captura: Trasmisión oficial ministerio de Turismo y Cultura, Juan Jorba XIII Festival de Doma y Folklore

La diferencia no es estética: es de poder. A una ciudad se le cobra para custodiar su fiesta. A un festival impulsado por el Estado, se lo sostiene con el Estado. Y en el medio queda expuesta una lógica que Villa Mercedes conoce demasiado bien: cuando hay interna, el presupuesto se vuelve herramienta.

En la Municipalidad no ocultaron el enojo. Y es lógico. Porque no se trata sólo de superposición de fechas: se trata de competencia con recursos públicos. Colectivos gratis desde Villa Mercedes para llevar gente a otro lado, a la misma hora, en los mismos días, con un festival montado con respaldo oficial. Si eso no es jugar a dos puntas, es porque ya ni vale la pena discutir definiciones.

Según fuentes cercanas, el responsable de la agenda cultural, el ministro Juan Álvarez Pinto, arrastra una pica política con el intendente Maximiliano Frontera. Y la lectura que circula en los pasillos no es cultural: es electoral. Miedo a armados, recelos por territorio, celos de protagonismo. La cultura como excusa, la política como motor.


Pero hay un dato que dejó a todos mirando: a pesar del festival paralelo, la Calle Angosta explotó igual. Más de 25 mil personas por noche, con la ciudad llena, con la fiesta en su lugar, con la gente eligiendo lo que siente propio. Y eso tiene un peso que ningún streaming oficial puede maquillar: cuando intentás torcer una tradición con logística y caja, y no lo lográs, el que queda expuesto no es el festival histórico. Queda expuesto el que necesitó armar el “anti”.

El problema de estas jugadas es que dejan una marca. Porque a partir de ahora, cada vez que se hable de “política cultural”, en Villa Mercedes va a aparecer una pregunta incómoda:

¿La cultura se promueve o se usa?
¿Se acompaña o se disputa?
¿Se financia parejo o se cobra peaje a unos mientras a otros se les paga todo?

Cuarenta millones por seguridad no es un número: es un mensaje. Y el mensaje fue claro: la fiesta de todos paga, la fiesta del poder se subsidia.

La Calle Angosta, en cambio, respondió como responden las cosas verdaderas: sin pedir permiso, con gente, con calle y con memoria. La identidad no se traslada en colectivo.


El Diario de San Luis


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